martes, 24 de junio de 2014

Porqué no me gusta el café


Fabián era muy entusiasta en todo lo que hacía. De hecho era un gran emprendedor. Un Buscavidas, aún siendo tan pibe.

Vivía a una cuadra de casa; sobre campichuelo también, y además compartimos los Scout en una época, y fuimos a varios campamentos y jornadas. Es decir, conocía mucho y muy bien a Fabi.

 

También conocía a su Familia, o por lo menos a quienes vivían con él, en esa casa de la calle campichuelo. Por esas cosas de crianza en los barrios de antaño, a los chicos, no se nos explicaba algunas cosas.

Entonces nunca supe si era que el Papá de Fabi era camionero y viajaba mucho, y por ese motivo no estaba nunca, o si al final sus Papás estaban separados, y poco se hablaban de esas cosas, pero nosotros como amigos le ayudábamos a bancar la parada al Fabi, y tampoco le mencionábamos nada de aquello, salvo algún pibe que venía de lejos, o alguno que quería sacar ventaja en un partido, le tocaba el tema, nosotros, jamás le hablábamos del tema. El tampoco. Lo cierto es que siempre se lo podía ver con su Mamá, con su Tía y con sus Abuelos maternos y con su hermanita más chica.

El era un buscavidas, lo dicho. Se animaba a todo. Vendía pajaritos, acelga, helados en la cancha. Todo. Era tal su visión para los laburos de este tipo, que nos entusiasmó a todos, en especial a mí, que me hizo su socio, y yo que no entendía nada de todo eso, me vi involucrado en actividades y responsabilidades empresarias a muy temprana edad.

 

Alguna vez nos corrió el Padre de la Inesita porque le vendíamos huevos en la puerta de su negocio, que era una Pollería….y encima los vendíamos más baratos…y como éramos nenes y causábamos gracia las señoras nos compraban a nosotros, hasta que el viejo se avivó que no le salía ni una docena de huevos y una vieja le contó el motivo y cuando el tano salió a la puerta se armó un despelote bárbaro, nos quería denunciar a la policía. Decir que intervino la abuela de Fabián, que si no, todavía estaríamos en Devoto...

 

Otra vez, el de la pajarería nos estafó vendiéndonos algunos pájaros que estaban vichados, y se nos murieron todos al día de haberlos adquirido. Cuando fuimos a reclamarle para que nos cambie los pájaros o nos devuelva la guita, el tipo nos sacó cagando…y lo que hicimos si que fue jugado, porque fuimos hasta una obra, tomamos un par de cascotes y pasamos con la bici por el frente del local, y le tiramos a la vidriera, y se la rompimos en mil pedazos. El tipo salió a corrernos, y nosotros, encaramos para casa…un error que el tipo celebró cuando llegamos, porque sabía donde vivíamos cada uno. El tema también lo arregló la abuela de Fabián.

Era un negocio de alto riesgo.

 

Un día casi me hace dar una paliza en mi casa. En realidad la culpa fue toda mía. Mi Mamá quería que le vaya a cambiar un tarro de café instantáneo a un almacén que estaba a una cuadra de la estación de trenes de Chilavert. El tema es que no quería que vaya en Bici, por el peligro que esto acarreaba….cuando en realidad era más su propio miedo porque realmente no pasaba nada.

 

Pero le hinché tanto la paciencia, que me dejó ir hasta el almacén con la Bici, con la promesa de ir despacio, que me fije al cruzar cada esquina, y que si se complicaba el tránsito, iba a andar por la vereda….

Lo cual era una verdadera locura, porque si alguno de mis amigos, me llegaba a ver andando en Bici por la vereda, me hubiera obligado a mudarme de Planeta, y además porque en Chilavert, el único colectivo que pasaba, justamente por Campichuelo era el 190, y se lo escuchaba venir de 6 cuadras y autos casi no transitaban, y menos a esa hora.

 

Aquel día, marcaría un hito, un mojón en mi vida. Jamás pensé que cambiaría mi destino. El trámite del cambio del tarro de café, fue concluido rápidamente. Salí de casa minutos antes de las 16 y para las y 10, ya estaba todo listo. Cuando me aprontaba para regresar a casa, venían llegando por la esquina el Fabi con el Bocha, que estaban con unas jaulitas y tramperas, que recién habían comprado en la pajarería, que estaban llevando a la casa del Bocha, y de paso las probarían en el camino, colgando algunas de los árboles del campito, para ver si podían hacerse de un pajarito, a pesar que no teníamos un llamador; desde luego que me impulsaron a que los acompañara y como yo era socio mayoritario del negocio, me calcé una de las jaulas , puse el tarro de café debajo del brazo y tomé del manubrio a la Bici, y nos fuimos caminando los tres, por la calle paralela a Campichuelo, que era Mar del Plata.

Claro, caminábamos como Kung Fu, y de tanto en tanto, nos entreteníamos hablando con algún otro pibe, o nos parábamos a hacer lo que teníamos planeado, que era colgar las jaulitas y esperar, y así se fueron las horas…

 

Para cuando decidimos continuar nuestro camino, ya el Bocha nos había dejado, aparece en el horizonte, en una de las curvitas que hacía la calle Mar del Plata (creo que era a altura de 11 de Septiembre), mi Hermana con una compañera de grado, haciendo señas de AHORA VAS A VER ¡!!!! Con la mano claramente como que se venía una paliza. Enseguida nomás se asomó mi Vieja, y detrás mi Viejo…

 

Allí se me vino el mundo abajo. Ahí tomé conciencia de la hora. Fabi tal su costumbre, cuando la cosa se ponía brava, desapareció; se esfumó con su bici y las jaulitas.

Me quedé solo y mi vieja se venía como chancho al choclo, a los gritos, queriendo hacer justicia por mano propia. Extrañamente mi viejo, estaba calmo. La apartó a mi vieja; le habló tranquilamente, explicándole que no se la agarrara conmigo, que era un chico, etc. No pude creer su actitud, pero me salvo de un par de cachetazos y de pasar vergüenza en la calle. Así que, extrañamente también, me puse del lado de mi viejo, y me sirvió de escudo, para evitar los manotazos de mi vieja.

 

Mi Papá me agarró la Bici, y mi vieja me arrebató el tarro de café de las manos, clavándome su mirada aguda y punzante.

No se me dirigió la palabra en todo el camino a casa. La formación que marchaba con destino al hogar, la encabezaba mi hermana con su amiga, detrás a dos veredas, venía yo solo, y por último bien cerca mío venían mis viejos.

Se escuchaba como conversaban, en voz bajita, más sobre el día de trabajo de mi viejo, que sobre lo ocurrido, y aún así no me daba la sensación, que se habían olvidado rápidamente del hecho, y no me animaba a mirar para atrás, para evitar que mi vieja junte revoluciones y se inflame de nuevo y empiece otra vez a los gritos; sabía que me había mandado una macana. Mi vieja se había asustado, cuando pasaban las horas y yo no llegaba, y había pasado tanto tiempo desde las 16, que le dio tiempo a mi viejo a llegar a casa de su trabajo en la fábrica.

 

Durante el trayecto a casa, no levanté la vista del piso, por si algún vecino, había visto o escuchado el escándalo que había hecho mi vieja, y tampoco podía acelerar el paso, o ir demasiado lento, porque eran demostraciones de debilidad o de “a mí no me importa nada”, cosa que hubiera empeorado las cosas.

 

Cuando finalmente llegamos, mi hermana se fue al hall a jugar, mi vieja, que ya se le había pasado, empezó a “convencer” a mi viejo, para que no me haga nada, y mi viejo, solo me dijo, sin mirarme, ANDÁ al PATIO…

 

Mi vieja quiso salir al patio, acompañarme, pero mi Papá le pidió que lo dejara hablar conmigo, que teníamos que estar los dos solos. Lo último que le escuché decir a mi Mamá, antes que mi viejo salga al patio fue NO LE HAGAS NADA AL NENE MARIO….

 

Si bien el Patio, era un lugar abierto, es decir con escapes y lugares donde podía escabullirme, si la cosa se ponía fea, decidí hacerle frente a la situación, razón por la cual, toda la inmensidad que gozaba ese patio, de momento, se transformó en una baldosa, con dos personas en ella. Mi Viejo, se acercó y me preguntó si me parecía Bien, lo que había hecho. Mi silencio, la cabeza gacha, dieron forma a la respuesta, que evidentemente, fue la excusa que necesitaba mi Papá, para ejecutar la sentencia: UNA PATADA en el traste, que me puso en órbita, hasta llegar a ver los techos de las casas vecinas. Dio media vuelta y se metió en la cocina, sin mediar más palabras, y comprendí que la conversación había terminado.

 

Yo entré un largo rato después, ya que me quedé reflexionando sobre mi actitud, y pensando cómo me sentaría en los próximos 25 años...

Entrabas a la casa, desde el patio a la cocina. Así que cuando decidí ingresar, el ya estaba pelando Papas, y mi vieja haciendo la cena. Cuando encaraba para el comedor, viendo mi madre, la dificultad que evidenciaba al caminar, le preguntó a mi Padre: MARIO QUE LE HICISTE AL CHICO ¿?? Mi viejo me miró y me dio una clase magistral de comunicación gestual, que entendí al momento, y le ofrecí a mi Madre como respuesta, un tibio y poco convincente…NO ME HIZO NADA, solo me habló.

 

Cerramos el día, como de costumbre, cenando temprano, mirando un poco de tele, y nos fuimos a dormir sin mencionar nada de lo que había pasado.

 

Hasta el día de hoy, no puedo tolerar el café. Dicen que causa irritación y fuerte dolor en el Colon…