martes, 24 de junio de 2014

La estafa


El invierno marcó aquel día frío y gris. Eran horas de la  tarde; ya estaba oscuro pero no era la noche que marca el fin del día.

Un viento que olía a humedad, cortaba el rostro de quienes estaban allí, con sus miradas atónitas, entre sorprendidos y molestos.

 

Pronto se acercó más gente a mirar, a ser testigos de lo ya ocurrido. Pronto la escena se llenó de Policías, que no permitían pasar, y poco se podía ver, porque enseguida protegieron el lugar con unas vallas.

 

Algunas voces, se animaban a contar su propia versión de los hechos. Otros exageraban los términos, y muy pocos, seguían en silencio.

La verdadera historia, comenzó exactamente una semana atrás.

 

Marcos, había llegado de trabajar, cerca de las 18. No vivía muy lejos de su trabajo, pero siempre se quedaba un rato más, para acomodar algunas cosas, para arrancar al otro día sin su escritorio desordenado.-

Soltero y sin compromisos, Marcos, que no llegaba a los 40, aún no había consolidado su idea, que era la de conocer a una chica, y formar una Familia.

 

Su Madre, había muerto hace un año, y no tenía hermanos. Algunos primos, lo frecuentaban, y sus tías viejas de tanto en tanto, lo mimaban con algún frasco de dulce casero, por ellas mismas preparado.

 

Tipo pulcro, prolijo. Nunca había fumado. Siempre respetaba sus horarios y los ajenos. Respetuoso y formal, solo se permitía algún desarreglo, los sábados, que tomaba cerveza con amigos.

 

Hombre de rutinas, hábitos y costumbres; parecía ser uno más entre los vecinos, que poco conocían de Marcos. Solo que era muy educado y atento.

 

Había estudiado hasta la escuela secundaria en el Comercial al que asistían todos los chicos del barrio, destacándose en Contabilidad, razón por la cual, al recibirse de Perito Mercantil, hizo 2 años en la Universidad, pero abandono, cuando se decepcionó con la carrera, y así fue que postergó sus sueños de Contador Público Nacional, y lo reemplazó con un terciario en computación, que le permitía tener un título para defenderse en la vida. Como se había salvado de hacer el Servicio Militar, por su Asma, le permitió hacer de corrido aquellos años.

 

Su primer empleo, fue a los 13 años y había sido en el supermercadito que quedaba a la vuelta de su casa. Fue allí porque su Madre, que era habitual clienta, ya había hablado con uno de los dueños, porque no quería de vago a su hijo en las vacaciones de verano.

Arreglaron unos pesos y unas horitas por día, los sábados incluidos, para atender la fiambrería, acomodar la mercadería, recibir los pedidos y acomodarlos en el depósito, y hacer las entregas a domicilio, cosa que más le agradaba, ya que lo hacía en bicicleta, y se tomaba su tiempo para reducir la jornada de trabajo en el negocio.

 

Por eso, Marcos, siempre miró de reojo a sus Padres, en especial a su Madre. Porque sentía que le cortó la inocencia y libertad de su niñez y adolescencia, a pesar que le estaba agradecido también, porque le inculcó el trabajo como medio para ganarse el pan.

 

Su juventud, transcurrió entre el estudio y el trabajo. Alternando salidas con alguna noviecita, que poco le duraban, porque Marcos, había forjado un carácter como el de su Madre. Entonces, las cosas debían hacerse como el decía, a su modo, y eso era un factor determinante, para que no le duren las novias.

 

Con los amigos, era diferente. Entonces, esa faceta no la exponía; un poco porque con los amigos, no hay intereses en juego. El sentimiento era otro, y también porque conociendo a Marcos, no le daban oportunidad para que se manifieste y empiece a querer modificar las cosas a su manera.

 

Tal vez, ese fue el primer alerta. Seguramente marcó el rojo en el semáforo. Pero quien, pudo darse cuenta, o atender la situación, hasta entonces dotada de absoluta normalidad. Pero la verdad, es que se había modelado en Marcos, a un caprichoso potencial, que puesto a prueba era capaz de llegar a límites muy peligrosos, para el y sobre todo para quienes estaban cerca.

 

Lo cierto es que al llegar al umbral de sus 40, Marcos se mostraba como un tipo tranquilo, calmo, formal y respetuoso. Poca vida social se le conocía, lo que lo hacía a la vista ajena un tipo como cualquiera, normal.

 

Aquel día de trabajo, llegó a su casa, ordenó la cena, temprano, porque quería acostarse antes de las 22. También quería helado, y como había estado en la oficina todo el día, decidió bajar a comprarlo, ya que la heladería estaba justo en uno de los locales debajo del edificio donde habitaba.

 

5 pisos por escalera, lo depositaron en planta baja. Se miró al espejo, acomodó su cabello y barba candado, cuidadosamente cortada, y salió a la calle.

Ingresó a la Heladería e hizo su pedido en la caja. Esperó por su turno, mientras miraba los gustos, para elegir.

 

A su turno, hace el pedido. ½ kilo de Crema Rusa y Pistacho. Decide quedarse en la puerta hasta esperar al delibery, con su cena. Había pedido una porción de Pollo con ensalada, sin condimentar, porque Marcos cuidaba su salud.

 

Puso el mantel en la mesa. Decidió cenar escuchando música, en lugar de mirar la TV. Se tomaba su tiempo para cenar, pese a hacerlo solo.

Lavó los platos, acomodó las cosas y se fue a dormir.

 

Siempre conciliaba rápidamente su sueño. Pero esa noche no lograba dormir. Pensaba que era porque ceno más temprano que lo habitual, y al acostarse más temprano, no hizo la digestión. Se levantó un par de veces. Intentó apagar la televisión, para que no hubiera ruidos. Pero no lograba dormir.

 

Finalmente decidió leer, para conciliar el sueño. Eligió un libro de mística hindú, y se acomodó sus almohadas, para que la luz del velador no le haga sombras a las hojas del libro.

 

Fue allí donde sintió algo en lo más íntimo de su ser. Advirtió su soledad. Las manecillas del reloj no paraban de gritarle lo solo que estaba, Era lo único que se escuchaba en la noche silenciosa, y replicaban en sus oídos una molestia que hasta allí nunca había sentido.

 

Sintió miedo, angustia. Sintió dolor y vacío de ausencia y sus lágrimas confirmaban todo aquello. Como un chico, necesitó la presencia de sus Padres, para que lo protejan, para que ahuyenten aquellos fantasmas. Pero estaba solo y por primera vez lo había advertido.

 

No pudo dormir. Encontró la luz del día entre llantos y sollozos. Se castigó duramente, por el tiempo perdido. Pero sobre todo, distinguía a su Madre, como la culpable de su presente. Asistió en primera persona a su realidad. Aquella que había estado viviendo por más de 15 años y nunca tuvo necesidad de apreciar. Estaba demasiado ocupado como para ello.

Fue a trabajar como pudo. No se afeitó. Caminó las cuadras que lo separaban de la oficina, y su rostro era el de un tipo ido. Le hablaron algunos compañeros, y apenas se escucho su voz. No quería que pase el día, para llegar otra vez a su soledad. Temía pasar la noche solo. El miedo le ganó el centro de gravedad de su ser. El odio comenzó a disparar y entonces ya no solo era su Madre, sino también aquellas maestras de escuela, que las hacía cómplices de Lucía, su Madre. De los tres hermanos Rego, dueños del supermercadito, también cómplices de aquello, porque se abusaron de su niñez, y así con cada persona que formó parte de su vida.

 

Lo que no se atrevía a hacer Marcos, era a enfrentarse con el mismo.

Esos días fueron terribles para el. Cada noche era una pesadilla distinta. Horas sin dormir repletas de pensamientos negativos, de llantos, de incertidumbre, por no saber que viene al otro día. Pasó toda la semana, perdiendo la línea y lo formal. Todo cuanto había cimentado en su imagen se desplomó en una noche. Ese era el, pero no se reconocía. Nunca había pasado por su propio interior, para ver como era la cosa.

 

Hasta la decisión final pareció acorde a su vida. El momento menos pensado llego a su deteriorada mente. Aquella última noche, encontró el fin arrojándose al vacío, atormentado y desesperado. Entonces ya no hizo falta su Madre y la complicidad de un entorno, para que decidan por el.

La estafa se había consumado. La garantía de la educación clásica y hogareña buscada a ultranzas por su Madre, finalmente perdió ante la pobreza y vacío de espíritu, de Marcos, que se forjó en base a la sumisa decisión de hacer lo que otro quiere…