martes, 24 de junio de 2014

El Doctor Dotta


Atravesó el portal, sin tocar siquiera el umbral que antecedía la entrada.

Con algo de prisa llegó hasta el fondo de la casa, como buscando algo que nunca llego a sacar de la casa. Desparramó todos los tarros, que el abuelo guardaba los clavos y tornillos, y hasta corrió la mesa de carpintero, para poder mirar por debajo, con mejor luz. Pero no tuvo el éxito esperado.

Nervioso, ahora mucho más preocupado, se le notaba en el rostro, que estaba sin solucionar su problema y evidenciaba al mirar reiteradamente su reloj, que no disponía de tiempo.

Tiempo, que había comenzado a correr, hace exactamente un año atrás. Claro que no supo entonces, que esas horas, serían el precipicio al cual tuvo que enfrentarse aquel día que presuroso, ingreso al fondo de la casa.

Unos minutos antes de la medianoche de aquel 7 de abril, para ser más preciso, comenzó la historia que terminó con Saúl.

Un enigmático y parco, que más que voz, parecía tener un grave sonido al hablar, más parecido a una queja que a un agradable sonido.

De personalidad sinuosa, solía engañar a todos con su puesto en el hospital municipal, donde se hacía llamar Doctor, cosa que no era. Su titulación era Técnico Radiólogo, y el guardapolvo blanco, y las intenciones de obtener por la vía de la mentira, lo que no podía obtener por su talento varonil, lo llevaron a instalar su chapa, virtual, y creerse a si mismo su propia mentira.

Tenía antecedentes policiales, cosa que le incomodaba. Incapaz de sostener por su propia valentía una afrenta, por esas cosas del destino, siempre que lo llevaban detenido, era con grupos de muchachos, pero nunca solo, porque no tenía agallas. Le incomodaba, porque no le permitía sostener la figura que había creado.

Un incapaz en todos los aspectos, a tal punto, que hasta su propia familia, celebró tibiamente su título, porque sospechaban que lo obtuvo por haberse copiado en los exámenes.

De escasa conversación, lograba instalarse entre la gente, gracias a su labor, por participar en distintos congresos, y también, porque suele pasar a menudo, la repetición de imagen, deja la sensación de figura conocida, pero se trata de un diminuto ser, incapaz de sostener por si solo una conversación, Si es que no la genera otro, jamás tiene tema, porque no sabe cómo se entabla una  relación, si no es por la imposición, la mentira, o la difamación de otros, para congraciarse con quien necesite relacionarse.

Un perdedor, que se conformaba con mostrar su desteñido guardapolvo blanco, para darse corte de lo que no era.

Hasta llegó a entablar un juego de palabras con sus apellidos, para otorgar un status de nobleza a su figura, razón por la cual, se hacía llamar Doctor Saúl Dotta Cóncaro, lo cual le asignaba a su pobre mentalidad una posición de ficción, que no solo pretendía vender a los demás, sino que el mismo la había adquirido.

Por eso, jamás pudo imaginar que al cerrar aquella noche, sus mentiras, serían fatales para sus mediocres intenciones.

Las oscuras facciones de la Mafia de la medicina, sabía de sus actos, y lo fueron a buscar, como si un mercadeo los hubiera llevado a este individuo, con la certeza que con mucha facilidad, se asegurarían sus propósitos, y para comenzar, lo más fácil para obtener los servicios de un imbécil: elevar su ego al máximo ¡!!!, a tal punto que el diálogo de aquella conversación de garito, se cerró como pacto tumbero: “Entonces Doctor, quedamos así ¿??”, disparó el oscuro personaje, en el rol de Visitador médico, recibiendo como respuesta una sonrisa macabra, mostrando sus dientes amarillentos por el cigarrillo, y un “SI”, con esa voz gruñona, que selló el acuerdo.

Acuerdo que concebía, la colocación de ciertos medicamentos, de escasa prédica en los círculos considerados de alcurnia medicinal, por la doble paga de una suma considerable de dinero, en moneda extranjera, y una promesa de nombramiento de Director del Nosocomio, si el candidato a Gobernador que postulaban desde ese rincón oscuro, ganaba las próximas elecciones.

No estrecharon sus manos, porque entre delincuentes no hay contratos, ni palabras. Solo el entendimiento, que puede sostenerse en el tiempo, si hay éxito en la gestión. Pero saben, que deben operar “sueltos”, para evitar que la Policía, siga el hilo conductor de la Banda. Al parecer, El Doctor, representaba la parte más delgada del hilo, y allí es donde fundamentaron su elección. Era presa fácil para ellos, y para entregar como cabeza de turco, si se complicaba el negocio.

La búsqueda sobre “el candidato”, había sido exitosa, por parte de los mafiosos. Era la persona indicada, en cuanto a lo inescrupuloso, pero les falto detalles del perfil del Doctor Saúl. No era del todo desenvuelto, como para salir airoso, si se complicaba cualquier negociación.

Cuando lo advirtieron, fue demasiado tarde.

No contaban, con las ínfulas de este personaje por trascender e ignoraban las ansias de poder que tenía, y la voracidad de establecer su nuevo status ante la sociedad, le harían hablar más de la cuenta.

Y empezaron a pagarlo caro, cuando el Doctor, cambió algunos de los billetes extranjeros que había recibido como anticipo de aquel negocio, por un modelo de auto que no solo era llamativo por lo nuevo, sino por el color que el Doctor había elegido. Amarillo con pintas violetas. Un verdadero mamarracho, que además llamaba la atención, cosa que empezó a poner nerviosos a los mafiosos, pero antes que puedan intervenir, otra suma fue invertida en un lujoso departamento, pero esta vez, el Doctor fue más precavido, ya que lo alquiló, porque siempre había querido vivir de rentas; y allí fue el primero de los errores. Porque lo alquilo a una mujer, que había conocido, en sus travesías por las redes sociales, y a partir de allí, coincidieron en algunos reductos de mala muerte, para conocerse personalmente. Se dieron lástima mutuamente, y se agradaron al notar que ambos eran notables fracasados y donde también tenían puntos en común era en los antecedentes policiales. Esta mujer de nombre Elisa, supo transitar por causas penales, por extorsión y amenaza, y hasta sus parientes políticos, habían sido ajusticiados, porque habían sido juzgados por estafa a la función pública, al haberse quedado con un vuelto de aproximadamente un millón de dólares.

Entonces, para solventar las arcas vacías de sus finanzas, Elisa, le propuso al Doctor, que vaya a vivir con ella, y manifieste en alquiler su gasto. Otra estafa a la que estaba acostumbrada y el simulador de Doctor, no conocía.

Hasta lo dejaron plasmado, mediante un contrato de locación, ante inmobiliaria, lo que evidenció nuevamente la escasa lucidez mental de ambos, porque era lo opuesto a su discurso y a la manera que pretendían mostrarse en público, en especial ella, que detestaba al Doctor pero le era útil a sus fines económicos y personales, ya que le servía de pantalla a su realidad que era patética. Es decir, ambos querían agradar y no sabían cómo, pese a que a Elisa la ayudaba un poco su ambigua personalidad y dejaba mostrar reflejos de su diagnosticada Bipolaridad, que a veces resultaban agradable a quienes la trataban y otras se ocultaba en el ostracismo de su lamentable y decadente realidad.

Cada paso que daban, demostraban sus intenciones y las dejaban en evidencia, mientras quedaban sepultados los planes que habían pactado aquella noche de abril.

Lo peor es que creyeron que eran más de la pobreza mental que tenían, y se metieron en negocios turbios con gente pesada. Muy Pesada.

Por eso, aquel día, algo le cambió al Doctor. Él lo supo al momento, y de allí su desesperación. Porque sabía que no tenía la capacidad para salir solo de la situación en la que estaba. Elisa, enseguida miró para otro lado, encontrando refugio, una vez más en el fuero castrense de su ex pareja, lo cual expuso aún más al Doctor Saúl.

Cuando el representante de los laboratorios, le pidió al Doctor, que reponga el valor entregado, porque lo necesitaba para otra operación, no supo que responder, mucho menos que hacer. Solo quedarse impávido y ni siquiera su falso temperamento lo ayudó, por el contrario, cuando intentó exponerlo, se comió el peor de las apretadas que esta gente puede hacer, lo cual asustó aún más a su inescrupulosa personalidad.

Al ingresar a su casa, casi corriendo, fue para asegurarse que aquella apretada, había quedado en sus pantalones, ya que esta gente, era capaz de hacer cualquier cosa, y por otra parte, para buscar aquello que le habían pedido, que había guardado, la parte que no había gastado en el cuartito del fondo.

Lo que no esperaba era encontrarse con el panorama que se encontró. La plata no estaba. Sudaba frío. Tambaleó como del desmayo. Su voz se aflautó, y su rostro empalideció. Estaba en serio riesgo, y decidió acudir a Elisa para que lo ayude, y allí comprobó lo solo que estaba. Elisa, hizo una denuncia, por acoso, estafa y extorsión, con lo que al llegar al departamento que el mismo le había alquilado, lo estaba esperando un patrullero para detenerlo.

Estaba cercado y solo. Sin salida más que enfrentar la situación.

Arregló un encuentro, para ese día a la media noche, muy cerca de la vieja estación. Fue armado, temiendo lo peor. Noche cerrada, con niebla, poco se alcanzaba a ver. Apenas algunas siluetas se dibujaron en el horizonte, su pena tomo forma de miedo, y no se equivocó, porque venían por él.

Eran más de 10 las personas que se convocaron, para negociar con el Doctor, y hasta el Candidato estaba presente. No se bajó del auto negro, para ver el final. Fueron dos impactos que sonaron en el aire. El olor a pólvora, contrastó con la humedad de la noche y quedó el cuerpo del Doctor tirado en la estación, cerca de las vías del tren que nunca pasaría.

El Doctor Saúl, olvidó buscar aquello que había recibido y guardado celosamente, donde tenía que hacerlo. En el contrato de locación, no leyó nunca que lo que abonaba por el total del departamento, era la misma suma que había recibido en moneda extranjera.