martes, 24 de junio de 2014

La gloria de un corner mal ejecutado


El campito, era el predio, el estadio donde jugábamos de local, hasta que en 1974/75, Isabelita inauguró el Complejo Deportivo José León Suarez, emplazado en donde habían ocurrido los fusilamientos en la Revolución de la década del 50, conocida como los basurales de José León Suarez.

 

A partir de aquel momento, trasladamos la localia a esos campos de juego, porque eran más modernos y hasta tenían instalaciones, como Baños, vestuarios, etc. Además porque el campito, era visitado de tanto en tanto, por un circo, y nos ocupaba el predio, obligando a trasladarnos a otros potreros. Fue el antecedente de alquilar estadios para recitales y espectáculos, solo que a nosotros no nos dejaba ganancias.

 

Esos traslados, nos daba, de alguna manera mayor fortaleza, porque al salir de nuestro reducto, el equipo se hacía más duro, era como que nos esforzábamos por demostrar que nuestro juego, no era solo producto del azar, o por jugar en el temible campito, donde no había rival que nos doblegue. También guapeábamos más que en casa. Jugábamos, con lujos y toques, pero si había que poner….no dudábamos, y si había que sacar alguna mano, no arrugábamos. En realidad, el que no ponía era el Fabi, que nos dejaba solos, pero también nos convenía, porque generalmente, lo buscaban a él, para pegarle, y eso nos daba cierta ventaja, porque eran menos los que te venían a dar a vos.

 

No siempre, teníamos las de ganar. Quiero decir, en el terreno donde había que ir al frente. Los distintos Barrios dentro del Barrio, hacía que uno deba pagar derecho, en cada esquina, en cada contienda. La verdad,  en mi caso, debo ser sincero, me la cobraban muy barata, o me hacían precio, porque yo era el hijo de Mario y Malena, que tenían cierto respeto que trascendía los lugares donde yo acostumbraba a transitar. Mi viejo, un laburante de sol a sol, era generoso con los vecinos, buen tipo, y mi vieja había cobrado notoriedad, como catequista, vale decir que la mayoría de los pibes de los Barrios cercanos a la Parroquia conocían a mi vieja; además era la Presidenta de la Liga de Madres, así que por ese lado, también obtenía algún rédito. Era muy agradable y conversadora, así que el que no conocía a Malena, era un Marciano.

 

Yo era chico de contextura, escaso de altura (mi tío Eduardo me decía enano), así que la simpatía era mi arma, razón por la cual, también aportaba lo mío a la causa; los muchachos más grandes, la gran mayoría, hermanos mayores de mis amigas y compañeras de cole, también me tenían en su consideración, así que varías veces, salve la ropa, cuando la mano se ponía brava. Siempre alguno saltaba por mí, y desde luego, yo tenía que hacer lo mío, que era no arrugar, ir al frente; porque si no, no te renovaban la confianza, por cagón.

 

Por eso, aquel traslado a la nueva cancha, nos obligó a reestructurar el equipo, y las pretensiones, porque ahora los rivales, sabían de nosotros, y los partidos eran cada vez más duros, cada vez más largos…

 

Para nosotros, jugaba Roberto Contreras. Un Verdadero Crack, que entrenó con Chacarita, y llegó a Boca Jrs. Nada más y nada menos. Además de Roberto, estaba Fabi, Luis, el de Don Ovidio y Doña Conzuelo, Gustavo Bongiorno, Ángel y Jose, Jorgito el chileno, Orlando, Raúl y su Hermano Marito y los chicos de San José de Flores, que la rompían. Los únicos que no jugaban eran los tanitos de la esquina, porque nunca en su vida, habían pateado una pelota, y este partido no era el momento para que debuten.

De tanto en tanto, jugaba para nosotros, el Lechuga. En realidad, el Sergio, que era muy amigo mío; íbamos juntos al mismo grado, en la misma escuela, jugábamos juntos, hacíamos la tarea juntos, asistíamos a los Scouts, empezamos la secundaria juntos y era un fenómeno también. Vivía en la calle Formosa, en el cruce con Campichuelo, a 4 cuadras de casa, pero estábamos a la misma distancia del campito. Dos cuadras. Era el hermano del medio, ya que su hermana mayor Alicia, y la menor, Verónica, completaban el cuadro familiar. Sus Padres, eran buenísimos, y laburaban como feriantes, en un puesto que vendía galletitas.

 

En la esquina de su casa, había dos negocios, que marcaron la época y a todos los chicos de la zona. En una esquina, la Peluquería de Pierino, Un ASESINO de cabelleras; un reducidor de cabezas del siglo XX. Por el, pasaron todos los bochos de los pibes del barrio; se notaba, porque todos lucíamos una Media Americana, en demodé, que cada invierno hacía que nunca nos olvidemos de Pierino y todos sus descendientes…

 

En la otra esquina, había una carnicería, que era atendida por tres hermanos, todos de Boca. Pero bien FANAS de Boca. Entrar al negocio, era entrar a la Bombonera misma. Era un clásico, verlos sentados a los tres, con la radio pegada a la oreja, los domingos, escuchando la transmisión, y se comentaban las jugadas, entre ellos. Cuando había un gol de Boca, te enterabas desde tu casa porque lo gritaban como se grita en la tribuna, es más, algunos han jurado haberlos escuchado desde la Estación de Ballester…

 

La verdad, es que El Lechuga, El Lechu, Chicho, o el Sergio, eran maneras de llamarlo e identificarlo para toda la vida, pero en realidad, era para evitar mencionar su apellido: BERGA

 

Ya mi vieja, me había advertido severamente, que tenía Prohibido llamarlo al chicho, por su apellido. Mucho menos a los gritos por la calle, como acostumbrábamos a hacer los chicos de entonces.

 

No había manera. El tránsito al Cole, era un trayecto donde nos encontrábamos todos de la mano de Mamá en el camino. Los chicos, nos advertíamos desde lejos, y a los gritos y ademanes nos llamábamos, como si no fuéramos a vernos al momento, o en el día, porque la realidad es que todos los pibes compartíamos el día. Además, la mayoría de las casas, no tenían timbre. La gente acostumbraba a batir palmas, para llamar en la puerta de cada casa. Algunos, proliferaban un tibio y tímido “Señoooraaa”, pero la gran mayoría, que llamábamos a la casa de alguno, más cuando lo conocíamos, lo hacíamos por el nombre, apodo o apellido. Así que en el caso del Chicho, era gritar como energúmeno en la puerta de su casa…BERRRRRRRRRRRGAAAAAAAAAAA ¡!!

 

Lo cierto, es que con el Chicho, formábamos una escuadra invencible. Era guapo también, y algo pendenciero, así que por causa de su persona, era que se armaban aquellas trifulcas. Tramposo también. Innecesariamente tramposo, porque tenía talento, para ganar un partido él solo. Pero era el formato de la época, alterar la parsimonia de un juego, en una batalla campal de magnitud.

 

Por eso, el día que el Circo se instaló en el campito, en el mes de noviembre, supimos al instante, que no se marcharían hasta bien entrado marzo, porque aprovecharían todo el verano. Así que no nos quedó otra que jugar en el Complejo, o jugar donde se nos presenten los desafíos.

 

Eso nos hizo famosos, porque cada vez que ganábamos, lo hacíamos por paliza (ambas), entonces todos nos querían jugar, para ganarnos, y darnos la tunda que nos tenían jurada.

 

El Fabi, se apareció un día, y cuando nos dijo lo que nos dijo, lo que menos pensamos, era que había adquirido un virus de algunos de los pájaros que tenía en sus jaulas. Estás Loco le dijimos ¡!!!, Si lo que escuchan ¡!!!!, nos respondía.

 

Como era un buscavidas, se había acostumbrado a transitar también por lugares…jodidos, pero se ganaba unos mangos, así que como buen empresario, privilegiaba al negocio, por encima del riesgo social, al que se exponía.

 

Le brillaban los ojos, cuando nos contaba, como si hubiera consumado la hazaña. El animal, había logrado conseguir un partido, con el equipo de la calle Formosa. Una Verdadera locura. Eran más grandes que nosotros. En edad y en físico. Además eran los que más ganas nos tenían, no solo de ganarnos, sino de cagarnos a palos, había arreglado el partido, en la cancha de ellos y este animal, vino feliz, como si nos hubiera conseguido un partido con el Ajax…

 

Cuando le preguntamos al Fabi, para cuando había arreglado el partido, nos dijo que lo pactó para el sábado a la mañana. Que inconsciente ¡!! Por favor, ni siquiera pensó en el Operativo de Seguridad, que necesitaba ese partido de alto riesgo. Los sábados por la mañana, en el Barrio, no había NADIE, así que imaginamos un partido además de duro, extenso, para tener posibilidades de ser salvados por algún vecino que pase por allí.

 

Lo que ninguno de nosotros imagino, era que resultaría ser nuestro debut profesional, ya que lo había arreglado por guita…Si por Guita ¡!! Pero como se le ocurrió por Dios ¡!! Nos dijo con una sonrisa, que teníamos que poner 10 mangos cada uno, y el ganador se llevaba toda la guita. Pero sos Imbécil vos ¡!! Le dijo Luisito, que laburaba con Don Ovidio, como albañil y sabía lo que costaba ganar la guita y diez mangos era una fortuna.

Sacarle 30 centavos a tu vieja, para un paquete de figuritas, o alguna golosina, era rogarle durante un mes seguido. DIEZ MANGOS, era por lo menos los ruegos de una década. Era imposible para nosotros pensar en conseguir ese dinero. Encima de males, sabíamos que para ellos, jugaba Cacho de Suarez, un pesado, que era el más interesado en “recaudar” la guita antes del partido.

Este muchachote, de rulos, negro hasta lo blanco de los ojos, tenía por costumbre, organizar partidos por guita. Claro, total, al final o  durante el partido, armaban quilombo, terminaban todos a las trompadas, y él se hacía de la guita, con cualquier excusa, porque además tenía parla el tipo, y te convencía de todo.

 

El equipo de la Calle Formosa, tenía otros códigos, distintos a los nuestros. Nosotros, por la manera de ser de cada casa, éramos de algún modo algo ingenuos. Es decir, unos pavos de aquellos. Podíamos resolver a trompadas un entuerto, y ahogarnos en un vaso de agua, por cualquier pavada. Nos creíamos y sentíamos grandes, pero éramos pendejos, y estando con los viejos, más pendejos todavía.

 

Otra cosa, es que para el sábado faltaban 2 días. DOS DIAS, y no nos alcanzaba para “negociar” de alguna manera, aunque sea elegir el arco o que pongan ellos la pelota. No podíamos arriesgarnos a perder el fulvo, que habíamos comprado entre todos, poniendo guita que habíamos rogado por varios meses en casa.

 

No teníamos margen para intentar nada, y esos dos días nadie pudo dormir pensando en el partido. Encima empezaron las amenazas y los mensajes subliminales. Mi vieja, vino de hacer mandados, y me dijo, Che ¡! Me dijo el Marcelo que el sábado no te deje salir de casa ¡!!

 

Encima eso. Marcelo y Fabián Arias, eran dos chicos, que supieron ser amigos míos. Fueron al colegio conmigo, venían a mis cumpleaños, pero desde que los cambiaron de escuela, se juntaron con los pibes de Formosa, y les lavaron la cabeza. Se juntaban con el gordo Artese, que era bravo, y se hacían los malos con cualquiera. Conmigo nunca se metieron, hasta que en una misma semana, el Chicho lo cago a trompadas al Fabián, y yo se la dí al Marcelo. Allí cambió todo. Ya nuestras vidas, pasaron a tener precio, y buscaban cualquier excusa para cobrarse revancha. Revancha que nunca les dimos, y este Boludo les viene a entregar en bandeja la oportunidad que estaban esperando.

 

Ya a esa altura, no podíamos pasar caminando por Formosa. Para ir al cole, o hacer las compras, más si ibas solo, tenías que hacerlo por otro lado, porque por ahí ya no te dejaban pasar. Se había puesto pesada la mano, y cada vez que pensaba en eso, quería cargarlo a trompadas al Fabi, porque se dejó llevar por esos chabones, y lo enroscaron, para jugar con nosotros.

 

El viernes a la noche fue terrible. El último que pasó por casa fue Gustavo con Tita, su Mamá, para convencernos que desistamos de jugar ese partido, que no valía la pena, que se yo y que se cuanto. Ni por causalidad se me pasó por la cabeza no jugar. Así que minimizamos el hecho y salimos del tema hablando de cualquier cosa.

 

La mañana siguiente, me encontró despierto desde las 7. Me levanté, me lavé la cara y los dientes, me peine con los dedos, y lentamente empecé a vestirme. Ya me había preparado el equipo el día anterior, así que me puse las medias, el pantalón corto, la camiseta, y me calcé. Nunca me vendaba, porque sentía que me ataban. Hice algunos movimientos de cintura, y mi hermana que estaba durmiendo me miró de reojo y balbuceó unas palabras, que estoy seguro fueron su Arenga: DALE BOLUDO ¡!!!

 Así que terminé el calentamiento y me fui a la cocina.

 

No quise desayunar. Me parecía que no iba a rendir si en una hora era el partido, así que tomé unos mates con mi vieja, y esperé a Fabi que pasaría a buscarme por casa. Su grito característico en la puerta de casa, me hizo saber que ya era hora. Patriiiiiicioooooo ¡!!! Le di un Beso a mi Vieja, me hice la señal de la cruz y Salí a la calle. Antes de salir, por el hall, ya me estaba arengando….¡¡¡¡ Vamo que Hoy Ganamo ¡!!! Fabián estaba exultante, Feliz, alentaba, cantaba, puteaba. Vi que venía con la Pelota, así que era otra cosa más para defender, para estar preocupados.

 

Durante el camino, se fue sumando el resto, y para cuando llegamos, ellos ya estaban, y estaban TODOS, y empezaron los gritos, cuando nos vieron asomarnos por el camino. El Fabi, como para demostrar que veníamos a pelearles el terreno, pateo la pelota desde la esquina a la cancha. Pero que pedazo de Boludo. Les entregó el trofeo antes de jugar, porque enseguida lo tomaron y lo acomodaron en su arco. Quien se iba a animar a sacarlo ¿?? Lo miramos torcido al Fabi, pero no le dijimos nada, para no demostrar fracturas en el equipo, frente a ellos.

 

Notamos además, que habían venido, otros para apoyarlos desde afuera, cosa que nosotros no hicimos, así que estábamos en desventaja total. Jugamos sin público visitante, un verdadero antecedente para el futbol.

Entre los que estaban afuera, pudimos ver al Negro Carrete, que era amigote del Cacho, y se la bancaba, y se la pasaba provocando, así que hablamos entre nosotros, para no entrar en la de el, y hacer oídos sordos a sus comentarios.

 

Nos empezamos a juntar en el medio campo. Los saludos, no eran en rigor protocolares; los que podían llegar a demostrarte algo de aprecio, te daban una fuerte palmada en el lomo, un cachetazo o un empujón; y era lo mejor, porque si eso no pasaba, entonces quería decir que no te daban bola y podías tener problemas. Por suerte a mi me llenaron de afecto…

 

Nuestro arquero enfiló para el arco que tenía la salida más cerca, más a mano, y entonces los otros, entendieron que debían mover del medio.

Así que nos acomodamos, como para dar inicio a la contienda, y nos dimos las hurras, nos animamos entre todos. Era “EL PARTIDO”, y ya no había marcha atrás. Por lo general yo me rajaba para arriba, porque era rapidito y habilidoso, pero en ese momento tomamos ciertos recaudos, así que me quede por el medio, para dar una mano, y como la velocidad me lo permitía, podía ayudar abajo, y colaborar con los de arriba, que dejamos tres fijos, para que no se nos vengan.

 

En su primer avance, forzaron un córner. Digo forzaron porque ni hay fue córner, pero presionaron al arquero, y a este se le escapó la pelota involuntariamente, ya que invadieron el área, y cargaron peligrosamente contra su físico. Pero fue córner nomás, y recién comenzaba esto…razón por la cual, el Chicho ya se había calentado, discutiendo con uno de ellos, por lo que Roberto intercedió, y en eso que se viene la pelota por el aire, y nos clavan un cabezazo al segundo palo, que no pudo detener el arquero, y ya estábamos perdiendo uno a cero, y lo gritaron con furia, en nuestra cara.

 

No queríamos discutir entre nosotros, pero la verdad que nos comimos el gol nosotros, más que mérito de ellos. Roberto puso la pelota en el medio, le tocaron el balón, y tiró la pelota larga, hasta que salió del campo. Pero Salió lejos, lo que nos dio que pensar, que la tiró apropósito el Roberto, como para acomodarnos. Al primero que encaró fue a mí. Patri, veni a jugar más cerca de mí. Lechu, soltate y anda por el medio arriba, y vos y vos, por Luis y Gustavo, empiecen a mandar atrás. El resto haga lo que pueda..!!! Eso, no fue condenatorio, sino ubicarlos en la realidad. Poco podían hacer, así que lo mejor era molestar en todo lo que puedan. Desde entorpecer la jugada, hasta darle una murra al que traiga la pelota.

 

Recién comenzaba el juego, y estábamos uno a cero abajo, y con posibilidades de comernos una goleada y una paliza de postre.

 

Empezamos a tocar la bocha. Tomamos confianza, y ellos empezaron a pegar, cada vez más evidente y más fuerte. Pero seguimos con la pelota al pie, y eso nos dio confianza. Pero seguíamos perdiendo y el tiempo corrí a favor de ellos, que eran capaces de terminar el partido, cuando ellos querían, y la recaudación que estaba en manos del Cacho. Es decir, podíamos pasar a la historia, perdiendo, el invicto, comernos una goleada, cobrar una paliza, perder la pelota y la guita. No podíamos permitirlo.

Creo que eso, nos dio la opción que no teníamos que temer a nada. Peor no nos podía ir. Así que metimos también, hasta que le dieron duro al Raúl, y no pudo seguir. Quedamos con uno menos ¡!! Roberto me miró como diciendo, que hacemos ahora ¿?? No respondí con palabras, pero Roberto se dio cuenta de mi mirada, y entendió enseguida, Lo mandó al Fabián al arco. Cosa que algunos le protestaron por lo bajo, porque era una verdadera locura. Era invitarlo a que patearan desde cualquier lado, y por como era el Fabi, se animarían a cobrar hasta las que se irían afuera, porque además, si le preguntaban, VOS QUE VISTE ¿?? Seguro que el Fabi, para no tener problemas, respondería, Si Fue adentro ¡!! Cuando la pelota se fue por el banderín del córner…

 

Pero hablamos con él. Le dimos confianza, le dijimos que Fillol, no tenía nada que hacer al lado de él. Lo agrandamos, y volvimos a concentrarnos en el partido.

 

Luis, que tenía una patada fuerte, tira desde lejos, y hace que el arquero de ellos, se esfuerce en un revolcón, hasta tirar la pelota al córner, en una arremetida del Chicho, que se le iba al humo, y de paso le dejó la patita, con la excusa de trabar la pelota. Lo puteo el arquero, y el Chicho, se fue riendo socarronamente a tirar el córner.

Tiró a media altura, y los pibes arrastraron las marcas, y de media vuelta, con la derecha le clavé la pelota al ángulo, y empatamos el partido. Pero no celebramos efusivamente. Salimos disparados para el centro del campo, alentándonos, dándonos ánimos; el Fabi saltaba en el arco y me hacía señas con las manos, como quien señala un plato de gran tamaño (como que el gol había sido de causalidad), pero sirvió para empatar y hacerlos calentar a ellos, que perdieron la paciencia, con nosotros, pero se empezaron a quebrar entre ellos, ya que se empezaron a echar la culpa, de cómo me habían dejado solo sin marcarme. Claro (pensaba yo para mis adentros); quien iba a marcar al más chico de altura ¿?? Me colé por el medio, y les reventé el arco.

En medio de toda esa confusión, sacaron del medio, pero Gustavo robo la pelota, y salió como una flecha, impulsado para el arco contrario. No tuvo necesidad de levantar la cabeza, para ver quien lo acompañaba, porque estaba ocupado eludiendo piernas que querían detenerlo...y llegó hasta la raya y tiró el centro atrás, que por suerte embocó al medio, y otra vez empalmé la pelota, pero ahora, con un toque suave, porque entraba solo y sin marcas. GOOOOLLLLLL, ahora si lo gritamos, y nos fuimos a abrazar donde estaban aquellos que habían venido a alentarlos.

 

Les dimos vuelta el partido, en su cancha y delante de sus amigos, y estábamos dándole un baile bárbaro. Ya no tenían argumento de juego, y apelaron a la violencia. Ahora buscaban darle al que tenga la pelota, así que jugábamos a un toque y rápido, para hacerlos correr y de paso que no lleguen a pegarnos. Pero el Chicho, además de calentón, tenía talento, y sabía con la pelota, así que empezó a jugar, y les metió un par de caños y de la vergüenza los sacó del partido, porque no querían pasar calor, así que quedamos iguales en cantidad, sin necesidad de apelar a artimañas, sino jugando al futbol. Pero ellos sabían bien, como era eso de trabajar el partido, y empezaron a comerle la cabeza a algunos de los pibes, los intimidaron, haciéndoles creer, que les cortarían las piernas si agarraban la pelota, y así también fue, como nosotros, éramos cada vez menos y eso era demasiado frente a estos animales, que ya no solo querían empatar y ganarnos, sino borrarnos de la faz de la tierra.

 

Se puso chivo el partido. Nos costaba cada vez más, soportar el asedio de juego y no podíamos pasar la mitad de la cancha.

Habíamos pactado, antes de empezar, que terminaríamos el partido a las 10 de la mañana y eran las 11.30 y seguíamos sacando pelotas de nuestra área. Yo pensaba, que no se aparezca mi vieja o mi hermana, para decirme que era la hora de comer, pero algo teníamos que hacer, para terminar, pero vino esa jugada…que no pudimos evitar, y no nos quedó otra que aceptar que se venía lo inevitable. Tiro de esquina, el número 100 que tiraban, y salvo yo, que estaba en el borde del área, el resto estaba defendiendo. No los conté, pero no cabía una persona más adentro del rectángulo. No había lugar ni para meter un codazo.

 

Juro que no vi cuando pateo, pero escuche el ruido de la pelota, que para ese momento del partido, ya estábamos jugando con la nuestra, y venía bombeada, bajando como un  misil, y mientras eso ocurría, en el área, pasaba de todo. Agarrones, tirones de pelo, patadas, insultos, una polvareda tremenda, que no permitía distinguir a propios de extraños, pero si pude ver un piñazo que el Chicho le puso al Fabián de Ellos, y comprendí entonces, que la revancha, aquella revancha comenzaba en ese mismo instante. Porque la pelota pasó de largo, sin siquiera llegó a  tocar el piso, y la capturó el Roberto, y se mandó solo al arco contrario, clavando el tercero, no gritamos el gol y nadie de ellos fue a buscarla, sino que nos prendimos en lo que en verdad era el verdadero desafío, y ya no corría con ventaja, porque a mí también me la tenían jurada, así que me vinieron a buscar, pero me salvó el Roberto, que antes que me agarraran de atrás durmió a uno de ellos de un trompazo, y eso me permitió darme vuelta y ponerme de frente, así que empecé a repartir manos para todos lados, y algunos se empujaban y otros se corrían, pero los que nos quedamos en el área, nos estábamos dando con todo.

Al gordo Artese, que era el que había estado hablando boludeces, me quedó de frente, y el muy cagón cuando se vio solo, quiso rajar, pero le emboqué un directo al mentón y cuando intentó sacar una mano, ya se había comido otra, y para entonces, el Chicho, estaba sacado, y quería tirar trompadas y correrlos a todos, pero la cosa, se había terminado. Apareció la Madre de Marcelo y de Fabián, y los retó delante de todos. Un Papelón. Una deshonra. El gordo Artese, salió corriendo como muchos de ellos que rajaron. Todos menos Cacho de Suarez y Carrete, que nos estaban esperando a un costado. Nos devolvieron la pelota, y la guita que pusimos y la que ganamos. Dijo Chau Loco ¡!! Y se fue.

 

Nosotros levantamos todo, y nos fuimos por donde habíamos llegado sin decir palabra. No volvimos a tener desafíos por ese tiempo, pero supimos que los pibes que vivían pasando la 9 de julio, querían jugar un partido contra nosotros, pero le pedimos al Fabi, que antes de cerrar una fecha nos consulte…

 

Con el tiempo, me di cuenta de lo que habíamos logrado aquel día..Respeto y Consideración, porque el infeliz que pateo el tiro de esquina, no sabía el proverbio futbolístico: Córner mal tirado…gol en contra