martes, 29 de julio de 2014

y un día volvi a la escuela..

Desde que lo supe, no pude dormir, pensando, en aquel día. La fecha fijada orientaba el calendario, para el sábado 24 de septiembre, y el motivo, era la celebración de los 50 primeros años de mi escuela. En realidad, de todos, pero no es una arrebato egoísta. Es que el sentido de pertenencia, el arraigo, y tal vez un dejo de nostalgia, por aquella mudanza, que aún no cicatriza, que me arrancó de mi barrio, más no de mi esencia, hacen que mi expresión suene así.

Inquieto, algo nervioso, y con el mismo temor, que aquel lejano primer día de clases, me llevaron lentamente a disfrutar del evento.

 
Busque transitar el mismo camino, que hacíamos con Mamá desde casa, para que la llegada sea del mismo modo. Vaya que lo fue. La concentración de chicos, las esquinas con las Mamás, y el entorno igual, formaban la pintura, y como un chico, tembloroso por la emoción, encaré la entrada, y la magia y los recuerdos me llevaron por un camino, que soñé desde siempre.

 
La escuela, la Parroquia donde pasé tantos momentos maravillosos, una vez más me abrían sus puertas, y una vez más, ya sin estar de la mano de mi Madre, me ubique en un rinconcito, para mirar todo desde allí, para pasar desapercibido. Caminé muy lento y miré todo con mucha atención. Cada pedazo de patio, que esta lleno de corridas, la campana, el timbre, la Dirección, y las aulas donde cursé.

 
Confieso, que no me podía mover. Quería llegarme hasta el fondo, pero no me podía mover. Me animé a dar de a pasitos, buscando lo que fui a buscar. Mis aromas, mi ser, a aquel niño que nunca deje de ser.

Mucha renovación, crecimiento que enorgullece. Me obligó a cerrar los ojos, para encontrar todo aquello, y las imágenes fueron apareciendo, casi como un milagro. Juro, que no perdí el equilibrio, pero al primero que vi fue al Padre Enrique (mi Padrino de Confirmación), salir de la Sacristía, y venir a mi persona, y tuve que mirar varias veces a mi alrededor, porque tenía temor, que me vieran perdido. Desde luego, que si debía explicar lo que me pasaba, hubiera resultado fácil porque siento, porque se, que a todos los que estaban allí, les pasó lo mismo. Los miré en sus ojos; lo escuché en sus palabras.

Me llegué a ver las fotos, y me encontré en varias, junto a mis compañeros, a mis queridos amigos, y a mis señoritas, que tanto quiero y nunca olvidé.

 
El encuentro con Gabriel y Miguel Ángel, confirmo lo que supe desde siempre. Pueden pasar mil años, que nada cambiará entre nosotros. Los chicos de entonces, fuimos algo muy especial. Una Familia. Teníamos una relación…de Comunión permanente. Fue mirarnos, y saberlo. Era como continuar una conversación que se detuvo, hace 35 años…

 
Ya me había visto y cruzado con algunos chicos (de entonces), que eran los hermanos mayores, de muchos amigos míos. Ver a Víctor Moreno, fue confirmar que no hay canas ni tiempo que empañe el sentimiento. Es el mismo chico, que nos miraba en los recreos, y encima se acordaba de mi ¡!! Como siempre digo acerca de mi, tanta facilidad de palabra, para no decir NADA, en momentos así, porque la emoción toma el lugar de la expresión y solo deja espacio para los ojos llorosos.

 
Saber que las maestras de entonces, fueron nuestras segundas mamá, y encontrarlas y abrazarlas fuertemente y agradecerles por todo, fue lo mejor del evento. Si algo realmente valía la pena, era encontrar en el Hoy, todo cuanto esas personas, han hecho por mi, en ese entonces.

 
Y fue el momento de Stella Maris Louis, y su agradable conversación y simpatía. El encontrarme con Marta Frade, mi maestra en 5° grado, fue tan emocionante, como verla de la mano con su nieta. Pero el momento cumbre, fue saber que estaba en el Cole, la Señorita Giovanna. Mi maestra desde 1° a 3er grado. Fue mi Mamá. Mi Maestra. Una persona que con su dulzura, nos educó, nos contuvo, nos cuidó. Nos llevó de la mano los tres primeros años de la primaria, pero además de todo, compartíamos el mismo barrio, y fue conmigo a Bariloche con el Grupo Scout. Si hay personas, que uno nunca olvida, y están grabadas a fuego en mi corazón, una de ellas es Giovanna.

 
Cuando supe de su presencia, nuevamente la invasión de aquella inquietud. Y busque con la mirada a mi Madre, para tomarla de su mano, pero no estaba. En la mirada de Miguel vi la misma inquietud. Nos quedamos parados, como no sabiendo que hacer.

 
Me acerqué hasta el chico, que oficiaba de Maestro de Ceremonias, y le conté todo eso. Me miró como si estaría frente a Magoo, y me dijo “Pero si es la que pasó recién por aquí, espera que la voy a buscar”. Miguel, salió para el mástil. Gabriel se quedó congelado, y yo no sabía como reaccionar. Una mirada de Miguel, con los ojitos que le brillaban, me dio la señal que estaba acercándose para donde estábamos.

Creo que el contacto con los tres, le dio a Giovanna, el mismo estado de situación que teníamos nosotros. Otra vez la falta de palabras gobernó la escena, pero el abrazo fue maravilloso. Temblaba como un chico. Estábamos frente a la persona que marcó nuestras vidas.- Se acercó Stella Maris, y con un guiño nos dijo “Al fin la encontraron”. Éramos los mismos chicos de entonces, buscando el abrazo de contención de nuestra Maestra. Aquellos años se consolidaron en un abrazo, y en el brillar de los ojos, nos fuimos animando a soltar palabras.
 

No puede soltarme de su mano, aquella tibieza, me daba la misma seguridad, que sentía en aquel entonces.  Hablamos mucho. Nos reímos Mucho. Recordamos TODO.

En la despedida, otro abrazo selló el encuentro, y allí si pude decir lo que guardé toda mi vida en mi corazón. “NO ME OLVIDE NUNCA DE VOS, GRACIAS POR TODO”.

 
Hasta que termino la celebración, ya no pude abrir mi boca. No supe tener la madurez y el equilibrio, para sostener aquella emoción, pero no me importó. Ya había consumado, lo que finalmente había buscado desde hace más de 35 años. Abonar una vieja deuda de sentimiento, con las personas que dieron a mi vida, mucho más que educación. Me dieron su AMOR, de manera incondicional.

 
Sea este un pequeño homenaje a la escuela, a mis amigos, a las maestras y Directoras, a Beba y Juan Grasso y al Padre Enrique, que fueron parte de mi vida, de mi educación, de mi formación como persona.- Ruego a Dios, me permita continuar por el camino, que ellos supieron mostrarme, y sostener esa antorcha de amor, con la misma entrega que fuera recibida de parte de ellos.-