Cuando se aprende algo, adquiere una doble identidad.
La de quien realiza el esfuerzo por saberlo y de aquel quien lo enseñó
Fue así desde la escuela primaria en Nuestra Señora de
Luján de Villa Ballester, donde destaco a la Señorita Giovanna y en ella mi
recuerdo para todas; continuó en la secundaria; cursada en dos ENET por una
mudanza en el medio. El 1er año, con examen de ingreso incluido lo hice en el
ENET San Antonio de Padua de José León Suarez; de 2do a 6to en mi querido ENET
23 CASAL CALVIÑO, donde obtuve el título de Técnico Mecánico
Ni hablar de la escuela del hogar, donde mis viejos,
no solo fueron mis progenitores, sino los que marcaron la forma de transitar mi
camino
Así, que no tenía ni siquiera planeado, caer un día a
casa, diciendo que me saque una nota baja por culpa del profesor…. Y NUNCA,
JAMAS DE LOS JAMACES fueron a hablar por “el nene” ante un profe y menos con
una autoridad. Solo una vez fueron citados a firmar el acta de comunicación por
mala conducta, cuando en 1er año me pusieron dos amonestaciones por una
travesura. Hasta eso, te enseñaban a ser responsable de tus actos y hacerte
cargo de ello
Tengo bien presente a cada uno de mis profes. No me he
olvido de ninguno. Lasalle, Martinángelo, Mascelli, Manteiga, Guazzotti, en
representación de todos, pero al que SIEMPRE recuerdo es al profesor de
matemáticas, el Sr. Albarracin (Albarra para nosotros) diciéndonos “LAPIZ y
PAPEL, TIZA y PIZARRON” la matemática es práctica permanente
Más allá que me llevé la materia, en épocas donde para
aprobar debías comprobar conocimientos, la rendí con holgura porque tenía mas
miedo que confianza en mi saber
La universidad me recibió con otra madurez,
encandilado por conocer que había más allá (como cuando de niño me escapaba en
Bici hasta la Ruta 8 y lo que hoy es el camino del Buen Ayre, a descubrir la
causa, de porque mi vieja no me dejaba ir hasta allí)
Costó. Realmente costó. Porque me jugaba otras cosas.
La familia fue el sostén. Mis nenas, por entonces chicas, me veían poco y nada,
porque a eso había que sumarle las horas de trabajo. Fue un sacrificio muy
grande.
No estaba solo. Pero me comía la cabeza dejarlas
solas. Pero ellas me dieron una nueva lección. ESTABAN APRENDIENDO del
esfuerzo que su madre hacía para que yo pudiera hacer ese raid. Tremenda
lección de vida porque de otro modo me hubiera costado aún más.
Pero lo que NO ME COSTÓ, fue adaptarme al nivel de
exigencia que imponía estar a la altura de lo que pretendía obtener. No por
soberbia. Sino porque mi preparación tenia los avales que necesitaba y fueron
tan pero tan buenos, que sentí que la llevaba atada. Hasta que manqué en un par
de finales, después de 4 años de carrera y allí me amparé en la esencia
barrial. La que adquirí cuando me llegaba con la bici y allí me redescubrí, y
al fin supe la causa de porque mi vieja no me dejaba. Porque más allá de ese límite
estaba la vida… la que debía enfrentar solo, sin ella y había que ver si estaba
preparado…
Juro, por lo más sagrado de mi alma, que hasta pensé
en largar todo… y allí supe que no estaba solo. Claro que hubo una pelotera en
casa. Mantuvimos una discusión de esas que ENSEÑAN. Me dijeron de todo. Desde
cobarde hasta vago. Me provocaron. Tenían que hacerme reaccionar y lo lograron…
acordamos que rinda los finales y depende de los resultados, volvíamos a
conversar.
No hizo falta. Rendi todas las materias bien y la que
más miedo le tenía, Termodinámica con el Ingeniero Biach, la aprobé con creces.
Crucé el límite de mi miedo y obtuve el título de ingeniero; al fin supe lo que
mi vieja temía. Al cruzar aquella frontera estaba el camino de la vida, al que
hay que transitar solo en un sentido porque ya no se vuelve atrás. Me enseño. Lo
aprendí.
Honrando aquello, es que abrazo con pasión enseñar a
estar preparados para aprender a ser responsables y hacerse cargo
Imagen: IA

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