“Su madre se
llamaba María. Su padre era carpintero. Treinta días pasó en el desierto. Convirtió
el agua en vino. Con cinco panes y dos peces dio de comer a una multitud. Hizo
ver a un ciego, a un amigo resucitó, otro lo entregó y el más cercano tres veces
lo negó”
Un alboroto
imprevisto interrumpió al cura. A los gritos desde el fondo, abrazado a la pila
bautismal, el Corcho que ingresó tarde a la iglesia porque un embotellamiento
lo demoró, increpó duramente al sacerdote “VIENDO LO QUE LE HICIERON LOS AMIGOS
A ESE POBRE HOMBRE TAN BUENO y GENEROSO, NO SE QUE ESPERAMOS AQUI PARA
LEVANTARNOS E IRNOS, decía el Corcho indignado, PORQUE SE LA PASA HABLANDO, QUE
ESTO QUE AQUELLO Y RESULTA QUE EL VINO LO TOMA USTED SOLO ¿?”
Nota al Pie:
Interiorizado del tema, el Nuncio Apostólico, tomo cartas en el asunto. Cuentan
que el Corcho recibió un envío desde Roma, con una carta de agradecimiento, un
pedido de disculpas y una caja con el escudo papal y el sello de “Misericordias
Domini in aeternum cantabo" (se dice que adentró había agua
bendita… añejada en barricas de madera, puertas adentro de la Piazza San Pietro)
Imagen: IA

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