Una hermosa y tierna historia de vida con tintes
novelescos. Eso fue
Oriundo del Litoral, Inolfo Aratai Niveyro era un joven apuesto que desde muy pequeño se ganaba la vida como hachero y también ayudaba a sus padres en las tareas domésticas.
Siendo adolescente y con el permiso de su familia,
marchó de su pueblo, decidido a echar suerte en otros horizontes, aprovechando
sus dotes naturales…
Así fue como recaló en la gran ciudad y pronto se
empleó como lavacopas en el bar de la pensión. Pero su verdadera vocación, la
encontró una mañana primaveral, cuando la dueña de la pensión, lo vio pasar
vestido de modo informal y quedó impactada por su figura y por sus dotes
naturales…
Y fue justamente esa señora, la que le dio una nueva
oportunidad para ganarse la vida, ofreciéndole que la ayude a administrar la
pensión y entonces fue que pasó d de lavar copas a administrar el Bar
Conmovida por la historia del joven Aratai, la
señora sintió que estaba haciendo algo por ella y se abrió entera dándole su vida
Inolfo Aratai Niveyro pasó a ser El Hacha para los
clientes y habitués del bar de la pensión. Se hizo querer. En especial por la
señora, que, al fin de cada jornada, al cerrar el local, ella le convidaba una
caña, que estaba arriba de todo en la estantería y se quedaban hasta tarde,
dentro del local, a la luz de las velas. Desde entonces, todas las noches la señora
se acostumbró a que El hacha le baje la caña
Imagen: IA










