El torrente caudaloso de su paz alteraba el habitual desorden
del corazón. Aliado visceral del riesgo caminaba por la filosa cornisa de las
horas. Tenía claro lo que sentía. Pero quería estar seguro al expresarse
Todo se inició cuando un distinguido miembro del
pueblo le hizo ver la realidad
Respiraba buscando aire de otro tiempo. Reflexiva su
mirada dejaba volar
Algo lo avergonzaba. Más pensaba menos sentía. Menos
decía más callaba
Mascullaba balbuceante en sus adentros palabras que no
terminaban de nacer. Sabía que el destino no les pertenecía y sería el viento
el encargado de esparcirlas
Escrito, en silencio o versado con el habla, daba
igual. Al fin de cuentas un sentimiento se refleja con un simple gesto, una
mirada o un agitado respirar y era lo mismo plasmarlo en una hoja, un
pentagrama o susurrarlo al oído
Debate que llevo al extremo al transitar desde el centro
medular de su existir al borde periférico de sus sombras, buscando una
respuesta… El fin era el medio o tan solo la coartada que serviría de excusa para
ocultar el motivo verdadero de su causa ¿?
Elevada profundidad para tan extensa llanura… debía aprender
de quienes confían al eco que repite sin saber ni preguntar y nada guarda
Así fue, que se llegó hasta una cadena montañosa en
las afueras del pueblo, para poner a prueba su expresar y de este modo
confirmar si aquello del eco era cierto
En la más absoluta soledad respiró profundo y con un
grito desgarrador expresó “SOY UN CORNUDOOOO”…
Apenas se escuchó al eco tenue reproducir su expresar
y aquello del distinguido miembro quedó sepultado en esas montañas. Era cierto que
el eco nada guarda; pero jamás regresó al pueblo porque olvidó que el viento se
encarga de esparcir las palabras











