Los
pibes eran los mejores jugando a la pelota y no se ponían colorados si tenían
que pegarle de punta. Guapos, cuando había que sacar las manos. Atorrantes. Poca
guita. Descuidados con su imagen. Se les empezó a complicar porque no cazaban
un fulvo en materia de seducción. En ese terreno perdían por goleada. No podían
terminar de jugar un partido y así como estaban ir al baile. El que mejor olía
era un búfalo en estado de descomposición. Si no se adaptaban, iban a terminar acudiendo
a un delivery si querían comer por decirlo sutilmente
Esteban
Delafuente. El hijo del Doctor. Hablaba tres idiomas, andaba en auto, tenía una
novia escandinava, buena labia, empilchaba bien y tenía una facha tremenda. Era
la persona ideal y le pidieron ayuda. La única condición que puso Esteban fue
que sea los viernes
El
primer día Esteban apareció con la novia. Una rubia hermosa. Jamás habían visto
algo que les cause tanta emoción, salvo cuando encontraron un billete de una
luca y lo repartieron entre todos. Esteban puso música y su novia enseñó a
bailar uno por uno. Tres viernes más adelante, lograron que no se coman la ese
al hablar. Al terminar eran otras personas. Solo faltaba el examen final. El
beso. Ahí la novia de Esteban no quiso saber nada. Por moción del Cacho propuso
a la Raquel, la hermana del Gallo que en el barrió le decían tétanos
El
viernes apareció la hermana del Gallo y Esteban empezó a tomar examen. Todos
aplazados. Dejando en evidencia que no sabían nada del tema. Todos los avances
que habían experimentado echados a perder. Gestos adustos daban cuenta de la
situación; la Raquel levantó la mano y pidió la palabra. Todos escucharon su
propuesta. Nadie se atrevió a responder. Fue una sorpresa que la novia de
Esteban accediera y todos presenciaron un beso, de menor a mayor, tierno, pasional,
fogoso y de una extensión tal que termino media hora después de iniciado
El
viernes siguiente el equipo del Cacho ganó por goleada su partido y al terminar
pidieron un delivery. Esteban hace meses está encerrado en su habitación sin hablar
con nadie sin saber nada de la escandinava. El Gallo tampoco supo más de La Raquel















