
Se
detuvo al borde del inframundo. Por un instante dudó de la realidad que los contornos
insinuados de nitidez vendían. Sintió al espíritu rebelarse y no pudo más que
seguir su visceral impulso y proyectarse más allá de lo visible para descubrir
lo que se oculta en el horizonte
Puente
que solo aprecian los sentidos y puestos a adentrarse en el miedo medular de lo
desconocido se sumerge en la espesa blancura
Lo
evidente es sospechado y la percepción celular vestida de sensibilidad se
desvanece dispuesta a disipar sus dudas
Quien
más allá se atreve a mirar provoca el desprendimiento del glaciar de lo establecido
y es entonces que por primera vez usa los ojos para mirar y no para ver
Es
donde el árbol ya no es solo tronco y hojas, sino memoria de estaciones,
cicatriz de tormentas, promesa de frutos. La calle ya no es solo piedra y
tránsito, sino un río de historias que se entrelazan en silencio y el rostro un
mapa de emociones encriptadas que aguardaban ser descifradas
La
verdadera agudeza no es visual sino estímulo visceral proveniente de los primitivos
instintos que sale de su caverna a enfrentar sus temores hasta que lo oculto se
vuelva revelación












