Vacíos de nada cuencos resecos convidaban sed a los
ausentes que se podían mirar. En una plaza sin juegos, sus almas resucitaron la
voz de los que aún buscan respuestas
Nada era claro. Todo era confuso. El silencio
conveniente y la mirada en otro lado. Que llegué pronto mañana era el deseo. El
problema de otro fue nuestro y su raíz florece día tras día en la cama vacía de
un cuarto repleto de presencia
Éramos solo niños, culpables de inocencia a la
temprana edad de su madurez, que fueron parte también, guardando para siempre
en sus conciencias los hechos que aún perduran.
No necesitamos de relatos. Fuimos testigos. Somos el
resultado de una fracción. La cantidad es un número. El dolor es eterno. La
memoria también














