Era el pibe que ponía los brazos para que la abuela
oville la madeja de lana
Acostumbró a escuchar más que decir y a mirar más que
a ver
Desdecía afirmando la razón de su causa, a los que
negaban asegurando que la verdad es patrimonio de los que tienen la sartén
Rodeado de soledad, repleto de personas a su alrededor,
llevó adelante su vida. Comprendió muy bien que acertar con opciones, tenía más
valor que equivocarse al aprender y que por más que hiciera lo que hiciera, las idioteces gustan más que saber
Costumbres bendecidas de complacencia, bautizaron generaciones
enteras, con la mirada puesta al lado opuesto donde pasan las cosas… Tanto que lo
que en algún momento era motivo de orgullo, como tener un oficio, hoy casi no
abundan y así y todo da igual
Entonces… creen que la luz viene de una lámpara, que por
respirar te dan un premio y por decir el abecedario de corrido se transforman
en seres pensantes. No saben pedir permiso, mucho menos por favor y no saben
que quiere decir gracias… y eso es
porque las estadísticas sin personas son solo números, que, por esas cosas del
destino, a todos les da bien, cuando tienen que mostrar gestión…
Y aquel pibe que ayudaba a su abuela, acostumbró a hacer
notar al que se cree piola por haber acertado un múltiple choice, que
cuando le hacen dos preguntas no sabe dónde está parado
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