Respetados más que temidos. Conocidos por sacar las manos sin aviso, la han perdonado la vida a varios que se merecían un correctivo. Aunque andan por los suburbios la punta de su compás esta clavada en el centro. Vienen del fondo de la olla, pero saben comportarse. Los perfumados con Sushi evitan cruzarlos. A su paso todos abren paso. Intocables. Todos saben dónde encontrarlos, pero nunca donde se guardan. Nadie sabe de donde vienen, pero todos conocen su cuna. Cuna que dio origen al patrimonio de su afamada historia. Gestada en base de proezas que sembraron de antecedentes su traza. Traza por todos reconocida, que tal vez provenga de los campos de juego donde dibujaban desbordes en la raya. De allí adquirieron la destreza como punteros y gracias a la visión de su entrenador, que advirtió en ellos la capacidad de no tocar la pelota en los 90 minutos del partido es que los llamó punteros retrasados

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