viernes, 22 de mayo de 2026

Hasta que se vuelvan a ver

Somos pares terrenales y almas que vagan buscando utopía, lanzó el rosarino. Así arrancaron

El ritual de siempre. Encuentro repleto de sabiduría y ciencia exacta, que aquella noche se vio empañado por una desentonada diatriba, que comenzó como inocente comentario y terminó poniendo en duda el coeficiente intelecto-barrial del núcleo concentrado de la barra

Al parecer incidió el vino cosecha tardía, de la bodega Le pifié que el anfitrión convido a los miembros del distinguido séquito que acostumbra a flanquear a ese señor que no conozco, según el Profeta Guillermo, hizo mella en la visión primero, en el habla después y finalmente en la escasa memoria que los caracteriza. Porque empezaron a desconocerse… causando severos problemas al momento de soplar las velas y descorchar el espumante, pero peor aún, al momento de retratar el celebrado encuentro, porque ninguno podía hacer foco, menos aún pensar en una selfi porque andaban flojos de pulso

Gracias a la divina providencia, pudieron resolver esa compleja situación. Pero… el problema sobrevino cuando uno de ellos se marchó primero, aduciendo problemas en el aductor. Era imposible de creer porque lo único que mueve es la mandíbula.

Pero lo peor estaba por venir. Retirado el miembro mencionado, el estado de los que quedaron era de un deterioro tal, que apenas pudieron despedirse en pie. Nadie supo cómo han hecho para recorrer desde el quincho a la puerta, menos aún en llegar a sus hogares. El más creativo (según su auto biografía) apenas si podía distinguir su propia figura, intentó hacerlo con sus compañeros, pero el Le Pifié hizo estragos en su sistema cognitivo. Solo reconoció al que se fue primero, pero no recordaba su nombre. El de él. Al otro señor si y lo evidenció con maestría para el resto de los tiempos (o al menos hasta que se vuelvan a ver y recuerden quien era cada uno)



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