Somos pares terrenales y almas que vagan
buscando utopía, lanzó el rosarino. Así arrancaron
El ritual de siempre. Encuentro repleto de
sabiduría y ciencia exacta, que aquella noche se vio empañado por una
desentonada diatriba, que comenzó como inocente comentario y terminó poniendo
en duda el coeficiente intelecto-barrial del núcleo concentrado de la barra
Al parecer incidió el vino cosecha tardía,
de la bodega Le pifié que el anfitrión convido a los miembros del distinguido
séquito que acostumbra a flanquear a ese señor que no conozco, según el Profeta
Guillermo, hizo mella en la visión primero, en el habla después y finalmente en
la escasa memoria que los caracteriza. Porque empezaron a desconocerse…
causando severos problemas al momento de soplar las velas y descorchar el
espumante, pero peor aún, al momento de retratar el celebrado encuentro, porque
ninguno podía hacer foco, menos aún pensar en una selfi porque andaban flojos
de pulso
Gracias a la divina providencia, pudieron
resolver esa compleja situación. Pero… el problema sobrevino cuando uno de
ellos se marchó primero, aduciendo problemas en el aductor. Era imposible de
creer porque lo único que mueve es la mandíbula.
Pero lo peor estaba por venir. Retirado el
miembro mencionado, el estado de los que quedaron era de un deterioro tal, que
apenas pudieron despedirse en pie. Nadie supo cómo han hecho para recorrer
desde el quincho a la puerta, menos aún en llegar a sus hogares. El más
creativo (según su auto biografía) apenas si podía distinguir su propia figura,
intentó hacerlo con sus compañeros, pero el Le Pifié hizo estragos en su
sistema cognitivo. Solo reconoció al que se fue primero, pero no recordaba su
nombre. El de él. Al otro señor si y lo evidenció con maestría para el resto de
los tiempos (o al menos hasta que se vuelvan a ver y recuerden quien era cada
uno)

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