Tanto
anduve, tantos caminos transité, tantas cosas he vivido. En tantos lugares moré
y tanta gente he conocido y entre todos esos pasos, hubo momentos en que sentí
que el rumbo se me escapaba, como si la brújula interior se hubiera quebrado.
Fue entonces cuando apareció la calma que parecía venir con la mansa cadencia de
otro tiempo
No
me dio respuestas inmediatas ni fórmulas complejas. Sino algo más valioso. La
certeza de que aprender es un viaje compartido. Su mirada tenía la fuerza de un
faro y en su voz encontraba la calidez de un hogar. En medio de la vorágine de
mis dudas, me enseñó sabiamente a detenerme a escuchar, a reconocer que del
error también se aprende. Entonces aprendí a mirar, a descubrir que cada
pregunta abría un horizonte, que cada tropiezo era un paso hacia adelante
Así
fue como comprendí que el sabio no se mide por su conocimiento sino por lo que
despierta. De allí que cada vez que alguien deja algo más que un parlamento y
dedica su vida para enseñar a aprender lo llaman Profesor
No hay comentarios.:
Publicar un comentario