domingo, 24 de julio de 2016

Aquellas tardes en Ballester


Aquellas tardes cuando el reloj

Marcaba las dos, la sentencia barrial

Te confinaba a pasar la siesta en el hall

Porque no había que hacer ruido

Ni molestar a los vecinos

Hasta las 16

 

Nos hacían compañía…

… Una vasija cubierta de mimbre

Donde lucía erguida una typha

Que a nosotros nos parecía un arbusto

A pesar que mi Madre decía

Era una planta exótica

… Un silloncito de cuerdas

Para sentarnos a pensar mirando el techo

… Un calentador a kerosene

Haciendo de estufa solo alcanzaba

Para consumir el tiempo

… Baldosas color rojo y amarillas

Siempre frías con una alfombrita que el sol calienta

Entrando por la mampara

… Un espejo donde  mi hermana

Cantaba y se aplaudía

Recibía la “ovación” de mi vieja

Con un grito desde su pieza

… Un mueble antiguo de mi abuela

Con mármol y espejos

Tenía cajones y puertitas

Que todos los días abría con la misma intriga

Con la esperanza de encontrar la llave de un cofre de corales

Que descubrimos colgaba de un crucifijo

En el cuarto del fondo de la casa

… Un par de cuentos y varios sueños

Del que despertábamos cuando empezábamos

A escuchar a los chicos que salían de la escuela

Pasando por nuestra vereda

 

Es que no había que hacer ruido

Ni molestar a los vecinos

Hasta las 16…

Hora de tomar la leche y terminar la tarea

Para salir a la calle a jugar

En la casa del Luis o sobre la calle San Pedro

Cuando me escapaba en bici hasta llegar a la río

Debía estar atento al momento sublime

El silbido del viejo ¡!!

Que me hacía saber que regresó del trabajo

Lo escuchaba donde sea que me encuentre

Tanto… que alguna vez deje agazapado a un arquero

Y en lugar de patear el penal, salí corriendo a mi casa

Ese era el pasaporte que me sellaba la vieja

Como condición, para volver a salir al otro día

A la hora de la cena, los cuatro en la mesa