jueves, 2 de abril de 2015

La Nueva Masa

Viviendo la vida pasan cosas, que orientan el camino a un horizonte, a un destino.
 
Mi madre, una Mujer de una grandeza y sabiduría que no se aprecian en estos días, me permitió con su amor y bajo la mirada de mi viejo, lo que todo chico necesita: SER un chico.
 
La virtud de un chico, se forja en valores simples. Desde su inocencia CREE; en sus sueños TODO ES POSIBLE; en su habla DICE LA VERDAD y su PUREZA no tiene influencia que la altere.
 
El tiempo pasa y se hace sentir, a favor o en contra de esa vida; se sitúa casi como capricho en un espacio PRESENTE, PASADO y FUTURO, y desde allí reina dominante sobre aquellos valores, alterando su simpleza y pureza.
 
La conciencia modera el pensamiento y el corazón guarda en su interior, todo lo vivido y como toda historia reserva un lugar para recordar y revivir intensamente.
 
En ese espacio hay un momento íntimo para llegar a lo más profundo de mis pensamientos donde medito sobre los actos de vida y repaso el recorrido de aquel camino, donde PASADO, PRESENTE y FUTURO, pasan a ser SIEMPRE.

No sé cuánto es el tiempo que se lleva hacerlo, ni la frecuencia, ni el momento, que no es calendario sino producto de la necesidad de bucear dentro del alma… de la conciencia, donde el Hombre de hoy busca a aquel chico, como un renacer fortalecido de valores propios.
 
Si tuviera que decir con palabras propias, que es la Pascua, debo decir que es la resurrección misma del Hombre que busca en su alma la pureza y la inocencia del chico que lleva dentro, que es capaz de cosas maravillosas, como recuperar su esencia para seguir por el camino que desde el amor te ha sido trazado.