lunes, 2 de abril de 2018

Chico de Barrio



Familia clase media de las de entonces


Papá obrero metalúrgico. Pobre viejo. Las horas que pasó parado atrás de un torno, para ganar dos guitas más, para parar la olla.


Mamá en casa, oficiando de mucho más de ama de casa. Administradora, Catequista, Maestra educadora en tardes de deberes, mate y tv


Procederes tan tradicionales, que te podías encastrar en cualquier casa, que era lo mismo.


Vacuna BCG a los 10, con sentencia en el certificado expedido “próxima dosis a los 20” y el comentario de la enfermera: “Cuando hagas el Servicio Militar”


Los objetivos, claros. Estudiar. Terminar la secundaria y la promesa del viejo, de hacerme ingresar a la fábrica, como Técnico Mecánico.


El impulso para seguir en la Universidad para “no ser un burro como yo”, al decir del viejo; ponerte de novio, casarte y formar una familia.


Tan simple como eso.


Más en un barrio de provincia, donde parece que el tiempo, pasa lento.


Se vive de otra manera. El vecino en la puerta; la señora barriendo la vereda, arreglando el jardín


Domingos de Misa y aroma a asado; tardes de radio, escuchando a Muñoz.


El sol de una infancia feliz se oscureció una madrugada del ’76


La historia oficial cuenta que fue un golpe. Pero en las esquinas se comenta sobre un pacto de traidores y complacientes.


Ladrones de democracias, apagaron un pucho en la cabeza de quienes entrabamos a la adolescencia


Secundaria brava. Vimos levantar ladrillos en ventanas del Olimpo. Sometedores de ideas intentaron abolir las ilusiones, pero combatimos con los sueños.


Aquellos que supimos cimentar entre escondidas y carritos de rulemanes, remontadas de barriletes y partidos interminables a la pelota.


Sacamos a relucir habilidades, aprendiendo a camuflar el pelo largo para que no pase el cuello de la camisa.


La historia oficial cuenta que los argentinos somos derechos y Humanos. Pero en las esquinas se comenta sobre torturas y desaparecidos.


El sol sostenido se oscureció una madrugada del ’82


Contando con 18 por ser del ‘63, mi vieja me despertó, abrazándome muy fuerte y llorando me dijo: “Hijo Querido, estamos en guerra”


Palabra que no escuchaba desde hacía mucho tiempo, de cuando nos agarramos con los del Sarmiento en la calle San Pedro.


Por prorroga no formé parte, aunque en las calles se decía que podían alistar a quien sea si la cosa se extendía


Los que estaban allí eran, amigos, conocidos o algún pibe del barrio


Las noticias que llegaban no eran buenas, a pesar de que en la tele se decía “Señores estamos ganando”


72 días duró el conflicto bélico.


No fueron los grandes. Ni tampoco los generales


Fueron aquellos combatientes los que pelearon. En la adversidad fueron valientes y en las bravas sacaron a relucir su temple.


La historia oficial cuenta que la plaza estuvo llena de gente y de banderas vitoreando a los traidores y complacientes. Pero en las esquinas se comenta que los Héroes en Malvinas fueron aquellos chicos de la generación ignorada. Qué de un día para otro, pasaron de ser blanco de la represión a defender a la Patria.

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