Hay momentos que no se donde sacar fuerzas;
donde se nubla la mirada y la voz se llama a silencio, buscando la raíz de mi ser
que a veces siento perdida y es cuando mi Cristo me hace saber que no estoy
solo. Secó mis lágrimas y de su mano llevó al fondo de un cajón donde se dejan
olvidadas pequeñas grandes cosas y allí… allí mismo estaba lo que creí perdido.
Que bendición la de sentir que aquel camino jamás abandoné y que si alguna vez flaqueo
no es falta de fe, sino un alto en el camino, para renovarla y seguir. Por todo
el amor recibido de aquellos que como quien pone en hora un reloj, sonó justo
en el momento preciso, para despertar mi alma
lunes, 27 de abril de 2026
A ti te digo
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