domingo, 8 de febrero de 2026

Lápiz y Papel


Así decía el Sr. Albarracín, profesor de matemáticas, reiteradas veces, todas las clases, semana a semana.

Básicamente su materia se basaba en eso. Le entregabas un ejercicio y te respondía “haga el factoreo”. Te veía flojo y te mandaba 100 ejercicios y en las vacaciones invierno tarea para todos: Ecuaciones de 2do y 3er grado, matrices, y todo el repertorio, para que no nos colguemos

Al terminar el año acumulábamos dos o tres carpetas de su materia y cada una tenía el tamaño de una caja de zapatos

Como si lo estuviera viendo, con los anteojos sobre la frente, pinta del Profesor Locovich de los autos locos (*) y con latiguillos varios, de los cuales el más afamado era “LAPIZ y PAPEL” argumentado en su experiencia y basado en las evidencias que cuando los resultados no eran los esperados era porque faltaba… PRACTICA¡!

Toda esta experiencia a una edad temprana, donde desde luego, al pobre Albarra, le dediqué varias oraciones… como toda semilla sembrada para dar frutos, el tiempo le dio la razón y vaya si los dio; tanto que lo tengo siempre presente al profe. A tal punto que, en un vuelo de línea, regresando a Buenos Aires, el comandante comunica a los pasajeros, que, por orden de la torre de control, debían disminuir la velocidad, porque estaban adelantados en el tiempo. Debía aterrizar 11:25 hs y eran las 10:45 hs, y en un inglés adquirido en academias TARZAN, citó que estimaba llegar a destino “one four one cero” logrando alterar la calma de quienes hasta ese momento gozaban del vuelo. Muchos pusieron el grito en la tierra (porque ya estaban en el cielo), varios tenían combinación con otros vuelos y pidieron asistencia de la aeromoza quien con mucha amabilidad se hizo cargo. Se dirigió donde el comandante y su tripulación para comentar el malestar de la muchedumbre. Acto seguido en castellano adquirido vaya a saber dónde, el comandante comunica “HEMOS INICIADO EL DESCENSO A LA CIUDAD DE BUENOS AIRES, ESTIMANDO ATERRIZAR a las 11:40 hs”

Me causó gracia al principio. Lo admito. Pero inmediatamente no pude evitar pensar en el profesor Albarracin…

 

(*) Los autos locos, era una serie de dibujos animados con varios personajes que competían en una alocada carrera de vehículos con diseños fuera de lo normal

 

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