Llegó al
país a temprana edad, a fines del siglo XIX embarcada en un navío zarpado de un
destino lejano. Inscripta en la aduana como Ana Vetter, le asignaron un número
para su identificación y luego de pasar por los controles migratorios y
sanitarios, le otorgaron el permiso para habitar estas tierras
A
juzgar por sus rasgos, todo apuntaba a que su procedencia era Sajona. Por el
acento de su expresión parecía eslava y al decir de todos, por la forma de caminar
parecía una modelo
Mujer
muy bonita. Pocos llegaron a relacionarse con ella. Muchos porque no les dio el
pinet y algunos pocos porque no les dio cabida
Por su
destacada labor en las tiendas textiles de la zona donde se radicó, la fama de
sus habilidades no tardó en trascender y la tentaron para que sea la cara de
una marca y le ofrecieron una buena paga
Una
sola tirada de 50 ejemplares, alcanzaron para que lleguen empresarios de la
moda, provenientes de todas partes del mundo para que sea la cara de sus marcas
Las principales
estrellas del espectáculo se rendían a sus pies. Los caballeros de la nobleza intentaron
cotejarla sin éxito.
En los
albores del siglo naciente, Ana se enamoró de un oficial del ejercito y consagró
su vida, no solo a su amado, sino que, para seguirlo, se enrolo en las filas
del ejército como voluntaria
Por
aquellos años, era rigor en el ámbito castrense, identificarse en formación por
apellido y nombre, con lo cual a viva voz y en modo solemne se presentaba “VETTER
ANA”
Aquella
Mujer hermosa, con elegancia de modelo, acento eslavo y rasgos sajones, jamás imaginó
que el destino transformaría su vida de ese modo. Menos aun pensó que su nombre
trascendería y no por tapas de revistas o en pretensiones de nobles caballeros,
sino porque el tiempo transformó en veterana a toda mujer que se desempeñara
por mucho tiempo en la milicia

No hay comentarios.:
Publicar un comentario