lunes, 28 de noviembre de 2016

A los chicos de entonces

Si ha sido la vida misma o el destino, vaya uno a saber
Yo creo que fue Dios y mi Mamá accedió a su voluntad, el día que me llevó de la mano, una mañana a Nuestra Señora de Lujan, de Villa Ballester.
Un portón abierto y tres grandes escalones me depositaron  en los brazos dulces de Giovanna y la bendición de Enrique, pintoresco cordobés y mi Padrino. Orador y comensal rutinario en las cenas de mi casa.
De aperitivo truco con mi viejo, donde competían para ver quién era más mentiroso.
Honestamente ignoro, si existe otra manera, de expresar, todo lo que tengo para decir
Acaso sea esto, lo mejor que me pasó en verdad, y si digo que aún lo sigo sintiendo, no exagero en nada.
Yo sé que la vida pasa, y el grado de evolución nos distingue; algunos le dicen crecimiento.
A mí me ocurre que sigo siendo un chico y a esta altura necesito a mis amigos para salir a jugar y reír.
Tengo bien presente y sé muy bien, que fui parte y disfruté de ellos.
Pero si fue un sueño, aún no despierto de él, y si es que tenga que ver con la inocencia de una infancia, entonces, allí me quedé.
No piensen mal de mí. Puedo argumentarlo.
Es que estuve por muchos lugares, y he conocido a grandísimas personas. En ningún otro lugar he sido tan feliz como lo he sido allí. Ninguno me dio tanto como ustedes
Como es que la vida te lleva y te trae, y a pesar de la intervención forzada del querer, el mandato de la raíz es más fuerte ¿?
Quedó grabada, para el resto de mi existencia, en mi memoria, en mi corazón, personas que jamás olvidaré
No me vengan con el cuento, que se pasó el tiempo, porque siempre estuvimos en el mismo lugar. La tierra giró con nosotros subidos a ella.
Sino como explico que hay a quienes no he vuelto a ver y sin embargo los siento conmigo.
La vida transcurre haciendo valer su condición, acomodando bajo la influencia de su dominio todo cuanto ocurre en su reinado.
Desde su trono, vigila como acontece y cuida celosamente a los miembros de su corte, desde que nacen hasta que mueren.
Su aliado, el destino, tiene permitido intervenir alterando la naturalidad concebida  
Puede que pasen otros cuarenta años y pueda tal vez también que jamás se vuelva a repetir la misma historia.
Pero lo que vivimos, OCURRIO y CIERTAMENTE a ninguno le paso de lado
Hay marcas que quedan, y no son precisamente cicatrices
Son caricias
Esas que nos hablan del amor, que recibimos y el que nos entregamos
El que dura para siempre, bajo el sagrado juramento que mañana tenemos que volver para encontrarnos… solo hay que seguir la huella...aquella que nos trazaron... la que dejamos en el camino 
En memoria de aquellas caricias, seamos capaces de llevar la antorcha que encendimos allá lejos hace tiempo y enseñarles a nuestros hijos, como es ser Feliz, jugando y riendo
A los chicos de entonces
Felices 40 años de egresados
1976-2016

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