
Benditas las caricias con que la vida zurce las heridas. Bendita la oscuridad que me hizo ver la luz. Bendita la tempestad que puso a prueba la madera de mi fe. Bendito el viento que impulsó mis velas en busca de otros horizontes y bendita la tierra que albergó mis sueños… en sus playas eché raíces, sembré mi esencia y mi ser volvió a florecer. Allí me quedé… Bendita y fecunda tierra de los quereres
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