Cuando acontece un hecho, por lo general pasa que no hay términos medios. Adopta una forma binaria.
Si es
exitoso, pasará que el carro de los triunfadores no alcanzará para llevar a todos
los que se suban.
Si fracasa o
se va de las manos, pasara que todos quienes ponderaban su consagración pre
fáctica, desaparecerán y cambiarán rápidamente de vereda embanderados en el rol
de sabio vestirán un atuendo de “yo advertí que pasaría”.
Lógico y
predecible cuando el confort de la zona habitual ofrece en su menú, exquisitos
platos, tales como “No comprometa con preguntas incómodas” de entrada, “Sea
complaciente” como primer plato y de postre un manjar “Si a usted le conviene no
se oponga”
Entonces se
hace costumbre enarbolar un vocabulario apto para la tribuna para que agrade a
los armónicos y complacientes escuchas, siempre dispuestos a aplaudir propuestas
renovadoras de promesas sin sustento, que no entienden ni les importa, pero que
les asegura su orden de jerarquía y siempre están dispuestos a allanar todos
los obstáculos y no ofrecer la más mínima resistencia
Por eso…
cuando el acontecer es contrario a sus expectativas, es que se acude a la
racionalidad y se le exigen respuestas por los resultados que la disrupción no obtuvo
y de la nada aparecen los límites para hacer escuchar su tenue y adaptable voz
y lábiles marcan el territorio con el codo para que pueda ser borrado fácilmente
con las manos.
Los
cimientos de las teorías prometedoras se derrumban sustentadas por apocalípticas
preguntas que antes nadie formuló y en lugar de causas que aporten mejoras, se
buscan culpables que sacien la voracidad demandante de la continuidad a
cualquier precio del sistema, que para entonces adquiere la figura sagrada de institución
debajo de la cual todos se amparan y refugian
Quizá, la
amarga reflexión que quepa sea, que el anticuerpo que fortalezca y otorgue defensas
al tan mentado sistema, sea admitir que en el éxito se engendra el virus del
fracaso.
Tan simple
como dar una mirada a la historia de la humanidad y apreciar que los grandes
imperios no perduraron en el tiempo consumidos por la soberbia carente de
sentidos que impidió una mirada a su interior por estar ocupados apreciando sus
conquistas
Aprenderemos
al fin que el viento no se embotella, el agua correrá libre su cauce y no hay cautiverio
para las ideas
Imagen: https://lacienciadelcafe.com.ar/
ES PEC TA CU LAR!!!!, a veces pienso Patito.. si la Humanidad pudiera no hacer tanto caso al Ego, sin duda podría Ser Humana. Muchas Gracias por Compartir Maestro!!
ResponderBorrarPablo, querido amigo mio, Muchas Gracias. Un abrazo
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